La Herrería cobra vida en la Casa de Moneda

El Real Ingenio dispuso desde un principio de un taller de herrería en el que se fabricaban las herramientas necesarias para los trabajos de acuñación de moneda. Estaba situada en el extremo este de la sala de Ingenios. Los rodillos de laminar y acuñar construidos en hierro y acero sufrían un desgaste continuo y era necesario fabricar unos nuevos que sustituyeran a los deteriorados. Esta era la principal labor de este taller.

Antes de la Revolución Industrial, el oficio de herrero era básico. El herrero era un artesano que debía combinar experiencia y destreza, fuerza y a la vez delicadeza e ingenio para modelar las piezas a golpe de martillo, y darles el acabado deseado. La irrupción de nuevas máquinas en el siglo XIX haría que las fraguas artesanas prácticamente desaparecieran, sustituidas por Las fábricas de forja.

Elías de Andrés es uno de los últimos grandes herreros. Nació en Espirdo en 1934, de padre y abuelo herreros. Su hijo y su sobrino mantienen la tradición, de modo que son ya cuatro las generaciones que contribuyen a que este arte siga vivo. De Andrés comenzó a colaborar con su padre con solo nueve años, tirando del fuelle de la herrería en la que se elaboraban y arreglaban aperos para el arado, hachas para los leñadores de la sierra, cuchillos, verjas y otros utensilios. Con 14 años se traslada a Segovia para abrir su propia herrería junto a sus hermanos.

Hoy en día con 85 años las ganas de continuar con esta tradición siguen vivas en él. Uno de sus lugares de trabajo favoritos es la Herrería de la Real Casa de Moneda, la cual cobra vida de nuevo cada vez que este herrero artesano la visita.

Elías de Andrés trabajando en la Real Casa de Moneda