El plástico es bello…

…cuando es transformado por las sabias manos de Damaris Montiel en obra arte y canto al reciclaje.

Muchas veces (casi todas) las grandes ideas y los buenos trabajos no se desarrollan en los grandes centros de actividad económica y cultural. La labor creadora alcanza mayor intensidad cuando se realiza lejos del tráfago de la metrópolis, en la quietud reflexiva de lugares que liberan al artista de excitantes distracciones (la mayoría innecesarias) y donde los ciclos de la naturaleza dictan aún los pasos de la vida.

Damaris Montiel ha pasado los últimos seis años en su estudio del campo segoviano, rumiando el concepto y creando las piezas de su exposición “Homoconsumptor”.

El tema no puede ser más actual y oportuno: el hombre pasa por el mundo consumiendo productos y tirando envases, como reflejan las “cápsulas de consumo” que la artista ha realizado con todo lo que una persona concreta desecha en un mes. Dejamos a nuestro paso una huella ecológica apabullante, y Damaris, al tiempo que hace esta llamada a las conciencias, ha sabido convertirla en belleza de formas, colores y contrastes.

El discurso conceptual y estético de la exposición es coherente y razonado. Un canto a la ecología y una lección magistral de reciclaje. Toda una filosofía que parte de referencias al universo y los planetas, pasando por la mujer, esa gran cuidadora, y culminando en un gran destructor invasivo: el macho alfa.

Los plásticos fueron su gran inspiración. Esa ingente acumulación de envases que contaminan el planeta, de residuos que no se reciclan, y con los que se pueden hacer grandes cosas. El plástico como materia artística que, según su tratamiento al fuego y su color, da lugar a una espectacular variedad de formas. Las más destacadas en la muestra son los maniquís de plástico transparente en cuyo interior, múltiples envases agrupados por afinidad de tonos, dan vida a personajes únicos, cada uno con su propia identidad.

Damaris Montiel sueña con hacer más y más personajes, con la idea de que, en el futuro, un arqueólogo pudiera descubrir enterrada su gran colección de hombres de plástico y compararla con el ejército en terracota de los guerreros de Xian.
Pero hay muchas otras formas en “Homoconsumptor”: obras que evocan la naturaleza marina, forradas de conchas de mejillón o de almejas; y formas cúbicas y abstractas, colgadas del techo o sobre soportes, que evocan fórmulas químicas, ¿ADN?, espermatozoides…

El color es esencial en el trabajo de Damaris Montiel. En su paleta única se cruzan la viveza tropical y el neón de los ochenta, dando como resultado efectos llamativos muy sugerentes. Varias piezas se recubren con la magia de lo fosforescente, como en aquella psicodelia tan urbana en la que militaba el recordado multiartista Tino Casal.

“Homoconsumptor” es una muestra que merece la pena y el espacio donde se expone es su contrapunto ideal: la sobriedad del edificio construido en el siglo XVI por Juan de Herrera para Felipe II y que ha llegado casi intacto a nuestros días.

Noticia publicada en www.elpulso.es el 6 de febrero de 2017